Juan M. Blanco
¡Dios mío, ya está aquí la pandemia!, exclamó Maurice Hilleman, jefe del servicio de enfermedades infecciosas del ejército de los Estados Unidos, el 17 de abril de 1957 al leer una noticia en el New York Times. Veinte mil personas esperaban delante de los dispensarios de Hong Kong para ser atendidas por una gripe especialmente virulenta. Tras recibir muestras del virus, Hilleman confirmó sus peores temores: no había inmunidad ante esa cepa. Nada podía frenar la Pandemia de Gripe Asiática, que acabaría causando cuatro millones de muertos en una población mundial que no llegaba al 40% de la actual.
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